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¿Cómo definir tu producto en un plan de marketing?

El producto es uno de los elementos más importantes del plan de marketing debido a que sin él no existiría el negocio para el cual estás realizando todos los preparativos. El producto es el motor de tu empresa por ser la fuente de ingresos que te ayudará a mantenerte a flote y a generar muchas más ganancias.

Sin embargo, la simple idea de querer ofrecer al público un producto o servicio no es suficiente para que puedas colocar una mirada estratégica y pensar en dónde puedes mejorar y qué puntos has de reforzar para poder avanzar en tu plan de ventas.

La idea de producto puede ser mucho más compleja de lo que imaginas, así que presta atención para que puedas definir qué tienes para ofrecer y ver cómo mejora tu estrategia en el plan de marketing.

¿Qué es un producto?

Un producto no es simplemente un objeto o un servicio que puedas proporcionarle al público, va mucho más allá que eso: es una idea. Son todas las características que rodean a aquello que ofreces, las cuales pueden ser tangibles como sus aspectos técnicos, su presentación y el tamaño, por mencionar algunos; o pueden ser intangibles como la marca.

En ese sentido, la definición del mismo no va simplemente más allá de lo que puede ser una unidad. Por ejemplo, si posees una tienda que vende electrodomésticos tu producto no es simplemente una lavadora o una caldera, sino la amplia gama de aparatos que en esa rama se desarrollan, teniendo en cuenta su variedad de modelos, de formas, precios y cualidades.

Un producto será destinado desde un comienzo al público objetivo. Muchas veces tienes que presentarle lo que vendes como algo que ellos necesitan, pero antes de ese paso debes haber definido cuáles son las características de tu producto.

Características del producto

Para lograr definir un producto se debe tener en cuenta sus características. Primero, partes de las centrales y luego te diriges a las complementarias. En ese sentido puedes seleccionar los siguientes factores como un índice de caracteres que vas a especificar para tener una imagen objetiva de lo que es tu producto:

  • Núcleo: Se refiere a las propiedades básicas del producto, pueden ser físicas o técnicas, y son las que lo hacen capaz de servir para distintas cosas, define sus funciones.
  • Calidad: Se identifica qué valor tienen los elementos que componen al núcleo. Esto se hace siguiendo los estándares del mercado y también en un estudio comparativo con respecto a la competencia.
  • Precio: Es el valor que el consumidor va a pagar por el producto, el que posee en el último eslabón de la adquisición. Debes prestarle especial atención, ya que es uno de los elementos determinantes a la hora de realizar una compra y puede cambiar la manera en que el cliente ve al producto.
  • Envase: Esta característica es variable dependiendo de qué tipo de producto sea el que vendes, pero puede cambiar por la presentación en sí misma. Se trata de que no genere un valor excesivo para la creación del producto, pero, al mismo tiempo, sea la mezcla perfecta entre seguridad, diseño y promoción.
  • Diseño, forma y tamaño: En sí mismo, los valores de la presentación, más allá del envase, serán los elementos anclas que vincularán tu producto a la imagen de la empresa. Deben transmitir la imagen que quieres promocionar y con la que quieres que se te asocie, siempre positiva.
  • Marca, nombre y presentación gráfica: Es la manera en que tu producto va a destacar entre todos los demás, debe procurar ser lo más original posible y, en el mejor de los casos, tiene que tener un matiz innovador. Gracias a estos factores los clientes lograrán recordar tu producto en mayor o menor medida en comparación al de la competencia.
  • Servicio: Le suele añadir valor al producto, ya que muchas veces este no se adquiere en sí mismo. La experiencia que las personas tengan dentro de tu establecimiento o a partir de él también hablarán sobre el valor del producto. Existen clientes que están dispuestos a pagar más por un producto muy similar al de la competencia si el servicio y la atención que reciben es mejor.
  • Imagen de la empresa: Finalmente, le agrega valor al producto porque logra inscribirlo dentro de un contexto. Actualmente, el esquema de decisión de compra va al contrario de la disección que acabamos de explicar. El cliente primero elige la marca y luego observa las características del producto, así que tu imagen global nunca debe ser descuidada.

¿Qué necesita el sector al que te diriges?

En el marketing se dice que si no existe una necesidad en el sector, tampoco existe un producto. Aquello que ofreces debe responder directamente a un vacío que exista en el rubro, ya sea porque llega para ser un elemento innovador, o porque es una oferta que surge en un medio en donde hay demasiada demanda.

Has de saber que nadie va a comprar un producto que no cumpla con ninguna función. Nos manejamos en una sociedad que valora la funcionalidad, e incluso la multifuncionalidad, así que se vuelve imprescindible contar con un producto que a los ojos de los consumidores sea aquel objeto sin el cual no podrán vivir.

Hazte esas preguntas a la hora de definir tu producto: ¿Es necesario? ¿Por qué es necesario? ¿Para quién es necesario?

Ciclo de vida del producto

Tal y como ocurre con las empresas, el producto que tienes pueden sufrir diferentes transformaciones a lo largo del tiempo en que se encuentra disponible en el mercado. Conocer cuáles son cada una de ellas y el cómo explotar su potencial te ayudará a extender el ciclo de vida regular de un producto de tu rubro.

  • Lanzamiento o introducción del producto: En esta primera fase se define el producto y se coloca en el mercado, pero tiene la característica de ser rentablemente negativa y de ser el momento en donde el 70% de los productos lanzados fracasa. Las personas no conocen tu producto y, por lo tanto, las ventas son bajas, pero aplicando estrategias sobre los precios, la organización comercial y los canales de distribución podrás salir bien de ello.
  • Turbulencia: Suelen existir fuertes movimientos que ponen en tensión a la industria, la empresa y el mercado. También es una fase donde la definición del producto te ayudará a mantener los ojos en la meta.
  • Crecimiento: Se conoce como la etapa en donde las ventas del producto crecen exponencialmente en un periodo de tiempo, para lograr posicionarte en el entorno donde tu producto será bien recibido y adquirido con cierta regularidad. Tiene una rentabilidad positiva y es el momento oportuno para la reinversión enfocada en la continuidad del crecimiento.
  • Madurez: En este punto, tu producto ya se ha consolidado y tiene una clientela fija. Podría decirse que es una de las posiciones más cómodas para trabajar. Siguen creciendo las ventas pero ya a un ritmo menos rápido. Se ha perfeccionado un esquema de producción, pero has de luchar para diferenciar a tu producto del resto.
  • Declive: En consonancia con el mercado tan cambiante te has de topar con que los gustos han ido en una dirección opuesta a tu producto o, en todo caso, que han llegado productos de la competencia que son más innovadores. Esta es la etapa en donde debes decidir: reinventarte o morir.

Sin duda, es importante que cada detalle que rodee al producto que ofreces quede bien definido para que puedas tener muchas más opciones a la hora de trazarte un plan de ventas distinto, ya sea que quieras diversificarte, llegar a un público más amplio o solo aumentar las ventas de tu compañía. Puedes seguir aprendiendo de los pormenores el cómo mejorar el desempeño de tu empresa con nosotros, verás lo fácil que es el proceso cuando está bien explicado.

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